Claudia Grajales en corto

Viendo. Tocando. Viviendo. Así se hizo interiorista Claudia Grajales. Dotada de un talante decididamente visual desde sus primeros años, fascinada por la modernidad de su casa de infancia en un tiempo en que no se acostumbraba, ya desde que estudiaba Ciencias de la Comunicación se pasaba las horas en los talleres de escenografía de su universidad. Mientras perfeccionaba su vocación de servicio y cultivaba su facilidad de trato con las personas en la industria de la hospitalidad, se topó con el proyecto de interiorismo que daría luz a su vocación: su propia casa. Espacio aluzado y moderno en que cada tela, cada mueble y cada composición respondía a una visión personalísima, concitó la admiración de quienes la frecuentaban, a grado tal que decidió cambiar el rumbo. De eso hace más de dos décadas de una trayectoria que la ha llevado a figurar entre los nombres clave del interiorismo contemporáneo en México.

¿Qué se necesita para ser un buen interiorista?

Más allá de lo que haya podido aprender de arquitectura, de materiales, de los espacios, de la luz, a mí me ayudó mucho ser hija de psicoanalista. (Aun si soy hija rebelde, porque nunca he ido a psicoanálisis.) Me ayudó a conocerme a mí misma para, desde ahí, estar abierta a conocer al otro. Me enseñó a escuchar, incluso esas cosas que la otra persona no dice de manera explícita. Mis decisiones como interiorista vienen de fondo: de saber qué quiero y a qué tengo que renunciar. Son decisiones mucho más conscientes que casuales.

¿Cómo eliges a tus clientes?

Muchas veces por intuición. Necesito entender bien qué es lo que quieren, y saber si eso que quieren yo lo quiero. Tengo que vibrar con el cliente. Me gusta la gente que está empoderándose, y con eso no quiero decir empoderándose en lo económico sino que quiere aprender, vivir mejor. Un cliente de Core es alguien a quien le gusta cómo soy, cómo vivo, cómo hago, y no porque lo haga yo sino porque se produce una identificación.

¿Qué debe preguntarse un cliente antes de pedirte una cita?

Cómo vive. Qué le gusta hacer. Qué hace cuando se levanta. Dónde le gusta estar en su casa. Odio los espacios desperdiciados. Y no me gusta trabajar para gente que dice “Yo quiero tener tres salas, aunque sea de dos centímetros cada una, porque quiero decir que tengo tres salas”. Mi trabajo es hacerte entender que tu casa es para disfrutarla, y que para que la disfrutes debe ser funcional y estar adaptada a tu estilo de vida, no al mío. Yo uso mucho mi comedor pero tengo clientes que me dicen “Nunca uso el comedor; si acaso cuando me toca la cena de navidad en casa”. Entonces les digo “No pongas comedor; ten un antecomedor para todos los días, que puedas usar también para una cena, pero no tengas dos espacios si no vas a usar uno”. O alguien que me dice “A mí lo que me gusta es escuchar música”; bueno, pues entonces vamos a poner un súper media room. Lo que yo hago es ayudarte a descubrir qué te gusta y recordarte que no todas las casas se componen de espacios A, B, C y D.

¿Sólo proyectas espacios sobrios y contemporáneos?

Para nada. Alguna vez hice un restaurante art déco en la Condesa: me metí a investigar, fui a ver edificios, me empapé de la historia y el estilo de la Condesa, busqué quien tenía cosas, me metí a mil. Me gustan todos los estilos. Lo que sí me distingue, independientemente del estilo, es la limpieza: me gusta que cada cosa tenga espacio y luzca. Es como armar un rompecabezas: pongo, quito, muevo y vuelvo a mover. Y no creo que haya una receta para ello: parte de un sentido de la estética, del equilibrio. Puedo hacer incluso un proyecto en estilo barroco, pero un barroco limpio y ordenado. Y es que cuando llegas a un espacio limpio te sientes bien: tu mente queda libre, no te estás distrayendo con cosas. No es Feng Shui: es sentirte protegido y saber que el territorio que habitas está protegido.

¿Qué es el buen gusto?

Ser respetuoso, dar a las cosas el espacio necesario para poder verlas. Entrar a un lugar y no saber qué ver no me parece de buen gusto, aun cuando todos los elementos sean hermosos. El buen gusto es un dispositivo que nos permite apreciar todo lo que hay en un espacio.